Joel Valverde Locutor Profesional

 

Cuando estamos trabajando en una producción, procuramos mimarla de tal manera que cada detalle se convierta en algo esencial para la misma: en cada audio cuidamos el micrófono utilizado, el previo, en qué zona de la sala se graba, la intención con la que se utiliza, su compresión, su ecualización...

La suma de todas estos procesos hace que cada una de las elecciones que tomamos sean determinantes para que algo termine de funcionar como debería.

Hoy os explicaremos por qué es importante tener claro el orden del hardware o software que procese nuestro audio.

Para ello os animamos a que inicialmente visualicéis vuestro Channel Strip como la cadena de montaje de una fábrica. Imaginemos, por ejemplo, un cubo de un metal que hemos escogido que acaba de salir de la sección donde se le ha dado su forma. A continuación tenemos los siguientes elementos en la cadena: una limadora, un taladro, una pistola de pintura y una pistola de barniz, cuyo orden puede ser alterado a nuestro antojo. El cubo es llevado por una cinta transportadora, lo que supone que irá pasando de una en una por las máquinas que terminarán su fabricación.

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Vista de Canales en ProTools. En cada canal los PlugIns siguen un orden descendente de procesamiento.

Si el cubo acaba de salir de la sección de moldeado es lógico pensar que el paso inicial es acabar con aquellas impurezas que puedan haber quedado, como astillas, bultos, etcétera. Por ello, es esencial que la limadora esté en primer lugar, puesto que de nada vale trabajar con un producto que todavía no esté en perfectas condiciones de uso. Explicaremos la analogía de forma simultánea. Esto supone que, una vez tenemos nuestro audio en bruto, hay que depurarlo antes de nada.

La edición del clip es esencial para evitar la aparición de ruidos no deseados tras pasar nuestro audio por un compresor, por ejemplo, o estar seguros de que tenemos las tomas mejor interpretadas a la hora de ponernos a mezclar. Por ello, todo software de edición como correctores de pitch que coloquemos en la cadena y no que procesemos creando un nuevo clip; o, por ejemplo, una reverb que apliquemos a un sampler que de por sí suena demasiado seco, o puertas de ruido, deberían ir de primeros en nuestra cadena, para un correcto funcionamiento del resto de elementos.

Tras la limadora, ahora no tenemos del todo claro por dónde debería pasar primero nuestro cubo. Sabemos que, si pasa por la pistola y a continuación por el taladro, el interior del agujero no quedará coloreado por esta si no que, tras ser taladrado, se mantendrá del color metalizado original del cubo, y si se hace a la inversa, estos agujeros cogerán el color que se aplique con la pistola. Sustituyendo nombres y cambiando taladro por compresor y a la pistola de pintura por ecualizador, seguro que entendemos la metáfora. Sabemos que el nivel de nuestra señal es la suma de la amplitud de los diferentes armónicos (incluida la fundamental) que conforman nuestra onda.

Por tanto, un ecualizador lo que hace es realzar o atenuar el nivel de estos armónicos de tal forma que destaquen más frente a otros, lo que se define tradicionalmente como colorear el audio. Un compresor iguala los niveles más altos de nuestra señal respecto a los más bajos de tal forma que equilibra el volumen en función a un nivel de compresión que nosotros establezcamos, dando lugar así a un mayor o menor rango dinámico. Por tanto si nosotros comprimimos nuestra señal antes de pasarla por un ecualizador, estaremos tratando con los niveles originales de nuestra señal y provocaremos un cambio de amplitud con el ecualizador que no será procesado (salvo que pongamos un segundo compresor, claro está).

Pero podemos a su vez jugar con los parámetros de Output e Input para regular cuando queremos que la señal pase por el compresor, lo que nos permite afirmar que en este punto no existen opiniones válidas ni no válidas, realmente será todo dependiente de nuestra percepción. Es importante considerar ambas posibilidades si un elemento de nuestra mezcla no termina de funcionar, dado que aquí puede estar una de las causas condicionantes.

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Finalmente, tenemos una pistola de barnizado que aplica una capa a la pintura para que quede más brillante. Esto son todo tipo de procesados como distorsiones, reverbs, delays, phasers, flangers... Efectos que pretenden embellecer el elemento y darle un determinado carácter en nuestra mezcla. ¿Deben ir siempre al final de la misma? No, dado que podemos llegar a desear que se vea afectado por los procesamientos nombrados anteriormente, pero no está de más recordar que si por ejemplo colocamos un delay como elemento inicial, un compresor afectaría a la señal inicial sumada al delay, lo que igualará ambas señales. Por ello una rutina típica es colocar este tipo de efectos en un canal auxiliar, lo que nos permite procesar la señal de su salida de forma independiente (por ejemplo, ecualizar una reverb). Recordemos cuidar el mix (entre la señal dry y la señal wet) de estos efectos siendo habitual trabajar en 100% Wet.

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Vista del PlugIn de UAD “API Channel Strip”. En este caso el orden es un previo, un filtro inicial, un compresor y un ecualizador.

El uso y orden que demos a todas las herramientas de las que disponemos para hacer una grabación, depende mucho del sonido final que se pretendamos conseguir. Como hemos mostrado con el ejemplo del cubo, no existe una norma para hacer las cosas de forma correcta, todo dependerá siempre del acabado que queramos conseguir. La experiencia y el no tener miedo a realizar pruebas y combinar distintos plugins o unidades de hardware, es lo que hará que en un futuro nos sintamos más seguros a la hora de tomar decisiones que encaminen nuestras grabaciones hacia el sonido deseado.

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